
Cannabis medicinal en Brasil: regular para cuidar, no para restringir
Con el plazo impuesto por el STJ, Brasil decide si la regulación de la cannabis medicinal estará guiada por la ciencia y el cuidado a los pacientes o por restricciones que limitan el acceso al tratamiento.
Publicado el 26/01/2026Por Marilene Esperança
2026 ha comenzado y con él la regulación de la cannabis medicinal en Brasil deja de ser solo un debate técnico y pasa a ser, oficialmente, una cuestión de cumplimiento judicial. La Primera Sección del Tribunal Superior de Justicia (STJ) prorrogó hasta el 31 de marzo el plazo para que la Unión regule el cultivo de cannabis industrial con fines exclusivamente medicinales y farmacéuticos, poniendo de manifiesto la dificultad del Estado brasileño para convertir decisiones judiciales en políticas públicas efectivas.
Al fijar la nueva fecha, el STJ no solo pospuso el plazo: endureció la exigencia. El colegiado homologó un nuevo Plan de Acción y determinó que la Unión y la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa) informen la ejecución de cada etapa del cronograma en un plazo máximo de cinco días después de su conclusión. La medida busca reducir el margen para nuevas postergaciones e impone un mínimo de transparencia a un proceso históricamente marcado por retrasos.
En la práctica, lo que está en disputa va mucho más allá del calendario. Las reglas que se definan estructurarán toda la cadena productiva —desde el cultivo hasta el acceso del paciente— y revelarán si el país optará por una política de salud pública basada en evidencias científicas o por un modelo restrictivo, concentrado y alejado de las necesidades reales de quienes dependen de la cannabis para vivir con dignidad.
En lugar de garantizar un acceso seguro, amplio y basado en la ciencia, parte de las propuestas en discusión insiste en crear barreras como el intento recurrente de limitar el contenido de THC (tetrahidrocannabinol) en los medicamentos, una medida científicamente frágil y socialmente excluyente.
El THC es uno de los principales compuestos terapéuticos de la cannabis y, en innumerables casos, es precisamente él quien proporciona alivio del dolor intenso, reducción de espasmos, control de náuseas, estímulo del apetito y mejora significativa de la calidad de vida. Personas con Parkinson, dolores crónicos, fibromialgia, epilepsias refractarias, esclerosis múltiple y cáncer en etapa avanzada encuentran en el THC un aliado insustituible para preservar la funcionalidad, autonomía y dignidad.
Imponer límites arbitrarios al THC es, en la práctica, condenar a miles de brasileños a tratamientos incompletos o ineficaces. En muchos casos, esto también aumenta los costos, ya que el paciente pasa a depender de múltiples medicamentos o de la importación de productos de alto valor, inaccesibles para la mayoría de la población.
Es necesario recordar: el uso medicinal de la cannabis se realiza con prescripción y seguimiento profesional. No se trata de uso recreativo, ni de descontrol, se trata de cuidado en salud.
Brasil no necesita una regulación basada en el miedo, en la moralización o en intereses económicos concentrados. Necesita normas construidas a partir de evidencias científicas, escucha activa de los pacientes y compromiso con el acceso democrático.
Lo que está en juego
La Consulta Pública de la Anvisa, realizada en 2025, puso sobre la mesa debates importantes, como la ampliación de las formas de prescripción, nuevas vías de administración y la posibilidad de inclusión de otros profesionales de la salud. Sin embargo, también evidenció un riesgo preocupante: el de crear una regulación que favorezca exclusivamente productos de bajo contenido de THC, alineada con los intereses de grandes empresas, pero desconectada de las necesidades clínicas reales de miles de pacientes.
Paralelamente, continúan en marcha iniciativas de investigación y desarrollo, como los estudios orientados a la adaptación de semillas al clima brasileño y a la construcción de polos regionales de cultivo. Estos proyectos son estratégicos no solo para la soberanía sanitaria del país, sino también para la reducción de costos, la ampliación del acceso y el fortalecimiento de modelos asociativos y comunitarios.
Defender la ciencia es garantizar el acceso
Año tras año, la pregunta central sigue en pie: ¿la política de cannabis medicinal en Brasil se construirá para cuidar a las personas o para atender los intereses del mercado?
La definición de los límites de THC, las reglas de cultivo y las formas de acceso no son un detalle técnico, es una elección política que impacta directamente en la vida de miles de familias. La cannabis medicinal no puede ser tratada como un privilegio, una concesión o una moneda de cambio. Es una cuestión de salud pública, derechos humanos y dignidad.
Normas justas, basadas en la ciencia, con cultivo nacional, fortalecimiento de las asociaciones, prescripción responsable y acceso seguro son el único camino posible para garantizar que ningún paciente se quede sin tratamiento. El momento exige vigilancia, movilización social y presión continua sobre los tomadores de decisiones.
¡Regular para cuidar es poner la vida en primer lugar!
Marilene Esperança es fundadora y presidenta de AbraRio – Asociación Brasileña de Acceso a la Cannabis Medicinal de Río de Janeiro. Madre atípica, inició su trayectoria en la lucha por el acceso a la cannabis medicinal después del diagnóstico de una enfermedad rara en su hijo Lucas, el Síndrome de Rasmussen. Desde 2020, lidera AbraRio, que cuenta con autorización judicial para el cultivo de cannabis con fines medicinales y ya ha acogido a más de 4.500 asociados en 17 estados y en el Distrito Federal. Referencia nacional, aboga por la regulación justa y por el acceso seguro, democrático y responsable a la cannabis medicinal.

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