Saúde

“Comenzar bajo, ir despacio”: la regla que guía el uso seguro del cannabis medicinal

La doctora Beatriz Milani explica cómo el principio “Comenzar bajo, ir despacio” orienta el uso seguro y personalizado del cannabis medicinal, garantizando ajustes cuidadosos y la menor dosis efectiva para cada paciente

“Comenzar bajo, ir despacio”: la regla que guía el uso seguro del cannabis medicinal
Por qué empezar despacio importa en el tratamiento con cannabis medicinal | CanvaPro

Cuando un paciente inicia un tratamiento con cannabis medicinal, una frase suele aparecer en la primera consulta: “Comenzar bajo, ir despacio”. El consejo, repetido por médicos en diferentes países, resume un enfoque que prioriza la seguridad, la personalización y el respeto al ritmo biológico de cada organismo.


Traducido como “comienza bajo y ve despacio”, el método orienta a comenzar el uso con dosis pequeñas y aumentar gradualmente. La idea es simple, pero fundamental: observar cómo reacciona el cuerpo y evitar tanto efectos no deseados como la falta de eficacia.


 

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“Comenzar bajo, ir despacio” garantiza seguridad y la menor dosis efectiva”, dice Beatriz Milani | Foto: Divulgação

La doctora Beatriz Jacob Milani, que trabaja en el tratamiento del dolor crónico y es estudiosa del cannabis medicinal, explica que este principio es uno de los pilares de la buena práctica clínica. “‘Comenzar bajo, ir despacio’ significa comenzar con dosis bajas y aumentar progresivamente, permitiendo encontrar la dosis mínima efectiva, con seguridad y buena tolerabilidad”, afirma.


Según Beatriz, la estrategia tiene sentido porque el sistema endocannabinoide funciona de forma muy particular en cada persona. La genética, la composición corporal, la edad, las comorbilidades e incluso la forma en que cada organismo metaboliza los fitocannabinoides influyen directamente en la respuesta al tratamiento. “El sistema endocannabinoide es altamente individual, y esto requiere una conducción cuidadosa desde el principio”, refuerza.


Ajustes hechos paso a paso


En el seguimiento clínico, la lógica también permanece: despacio se llega lejos. Los ajustes de dosis se hacen en base a la respuesta del paciente, si hubo mejora del dolor, más calidad de sueño, reducción de la ansiedad o control del síntoma que motivó la prescripción. Todo esto sin perder de vista la tolerabilidad.


“Al ajustar la dosis, observamos principalmente la respuesta clínica y los posibles efectos adversos”, explica la doctora. Destaca que otros factores entran en juego, como la edad, la presencia de enfermedades asociadas, las interacciones medicamentosas y el tipo de producto utilizado, ya sea un CBD aislado o extractos con diferentes proporciones de fitocannabinoides.


Este seguimiento gradual es lo que permite alcanzar la llamada “menor dosis efectiva”, punto en el que el paciente obtiene el beneficio deseado con el mínimo de riesgos. “El ajuste lento garantiza un tratamiento más seguro, personalizado y coherente con la variabilidad interindividual”, completa.