Conoce a Flora, la perrita que superó convulsiones con la ayuda del cannabis
Extracto de cannabis alivia efectos secundarios del Gardenal y garantiza calidad de vida a la cachorra de beagle


Flora es una perrita muy linda, de la raza beagle, que vive en Bagé, Rio Grande do Sul. Jovencita, tiene tres años de edad y sufrió su primera convulsión cuando tenía solo un año. Para Renata, la dedicada tutora, así como para toda su familia, fue un momento doloroso y con nuevos desafíos. Afortunadamente, en el futuro cercano, la Ma. Neide Griebeler, médica veterinaria prescriptora de cannabis, llegaría para cambiar el destino de ambas.
Cuatro patas y un corazón puro

Flora es una niña grande. Le encanta nadar, relajarse en la piscina de bolas y jugar con sus amigos caninos. Su mejor amiga es la inseparable Fiona, otra beagle de la casa. ¡Y las dos best friends forever (BFFs) tienen incluso Instagram!
Flora es la que tiene el hocico rosado y, según Renata, “es muy intensa. Es una perrita muy especial, es cariñosa, es dada, es simpática. En la calle, quiere jugar con todos los perros que pasan”. Si la dejan, juega todo el día, ya que “siempre está dispuesta, es muy feliz”.
Flora, sin embargo, también es muy agitada, ansiosa, y su euforia es tal que se siente mal, habiendo convulsionado algunas veces. Estas convulsiones son “normalmente provocadas por su estado emocional. No maneja bien las emociones”, explica Renata. “Creo que hay un poco de ansiedad también, pero lo que realmente lo desencadena es la euforia.”
La tutora cuenta, por ejemplo, que, “si llegaba una visita a mi casa, y le gustaba mucho esa persona, convulsionaba. Si llegaba un perrito para jugar con ella, que la hacía muy feliz, convulsionaba”. Ya Fiona, la de hocico negro, es más tranquila: “la otra beagle no convulsiona, pero es emocionalmente más estable, ¿sabes? ¡Flora, todo lo que hace es muy intenso!”
Vinieron las crisis convulsivas
Con solo un año de edad, vino la primera convulsión. “Perdió el control del cuerpo, perdió el control de las patas. Se quedó con la pupila dilatada, babeaba mucho”. No bastando ese instante más agudo, “cada vez que tenía convulsión, hasta comenzar este tratamiento con la doctora Neide, se quedaba más o menos 24 horas medio fuera de sí, y gritaba como algunos niños con discapacidad”.

Buscando soluciones para estas crisis convulsivas, la primera prescripción recibida por Renata fue el Gardenal. Fue eficaz contra las convulsiones, pero Flora perdió la alegría que tenía antes de convulsionar y adquirió otra personalidad, ahora apática, menos juguetona. Eso era efecto secundario del medicamento. La búsqueda de mejores terapias continuó, y pronto Renata se encontró con las propiedades anticonvulsivantes del cannabis.
La vida de la tutora y de la perrita, en ese período, “estaba superlimitada. No podía enfrentar ninguna situación en la que ella se pusiera muy feliz, porque se ponía muy eufórica y eso provocaba la convulsión”. Renata confiesa que “fue muy difícil hasta que Flora comenzó a ser tratada con la Dra Neide. Ahora todavía lo es, pero aprendí a conocer sus emociones”. “A partir de julio, cuando conocí a la doctora Neide, solo tuvo una convulsión, pero ni cerca de las otras que ya había tenido cuando hacía el otro tratamiento. Fue muy leve esta última, solo se puso un poco más flojita, pero la pupila no se dilató, no apretó la boca, fue otra cosa. Y fue muy rápida, las otras duraban más.”
Hoy la situación es mejor: ambas viven más tranquilas. Las crisis de Flora cesaron, y ella recuperó la vivacidad, volviendo a jugar, trayendo de vuelta, por consecuencia, la paz de Renata. Estos días, durante el Carnaval, Flora incluso fue a la playa. “Aprovechando la vida después del cannabis, porque, cuando usaba solo el Gardenal, siempre pasaba como si estuviera drogada”, nos contó Renata.

Llevarla a la playa, por supuesto, formaba parte de los cuidados terapéuticos con la pequeña: “ir a la playa mejora mucho sus emociones. Descarga las energías y se estabiliza emocionalmente. Le gusta mucho el agua, tanto piscina como mar”, relató la tutora, que aún identificó una curiosidad en medio de toda esta tormenta: las convulsiones solo ocurrieron en invierno. “En verano, nunca tuvo”, nos reveló.
Tratamiento con cannabis e interacción con el Gardenal
Según Renata, Flora "comenzó a usar el Gardenal, pero, cuando comenzó a usar el Gardenal, vi que cambió mucho su personalidad, porque se puso muy somnolienta, dormía mucho, no jugaba”. Rápidamente, la familia percibió los efectos secundarios perjudiciales que se manifestaban: “era otra perrita. No convulsionaba, pero era otra perrita”.
El uso del Gardenal, bajo prescripción de un veterinario, comenzó en la misma época de la segunda convulsión. “No recuerdo bien cuándo fue, pero, si no me equivoco, la diferencia entre la primera y la segunda fue de unos dos meses”. Poco tiempo después, Renata encontró una veterinaria que trabajaba con cannabis. Este primer intento, sin embargo, no dio muy buen resultado.

Se intentó un destete del Gardenal, pero las crisis convulsivas continuaban ocurriendo. Según la dra Neide, la actual veterinaria del caso, cuando Flora llegó a ella, “tomaba dos extractos de cannabis: uno de CBD [cannabidiol] y uno high THC [tetrahidrocannabinol]”. En la época de las inundaciones históricas que sacudieron Rio Grande do Sul, Renata cuenta que esos extractos de cannabis de entonces se quedaron sin stock, y la situación empeoró: “no había cómo llegar, y entonces comenzó a tener una convulsión tras otra.”
Fue en julio de 2024 que Renata conoció a la doctora Neide, por medio de un primo veterinario coterráneo de la médica veterinaria. “Desde entonces, Flora tiene otra calidad de vida. Juega, todavía está en destete del Gardenal, sí, pero juega, disfruta de la vida. Es una perrita normal, lo que ya no era”.
Actualmente, la adorable beagle de hocico rosa toma, por día, tres dosis de extracto de cannabis, del tipo full spectrum, es decir, el extracto que contiene “todo el espectro” de cannabinoides presentes en la planta. Como el cannabis tiene fuertes propiedades anticonvulsivantes, el destete del Gardenal aún está en proceso, “porque a veces suceden cosas fuera de lo planeado, fuera de la rutina, que la desestabilizan, y necesitamos mantener un poco la dosis del Gardenal”, expone Renata. Vea el video de la Dra Neide comentando el caso:
“Pero el cannabis es el gran diferencial en su tratamiento, porque hoy tiene la misma personalidad que tenía antes de convulsionar”, enfatiza. Yendo más allá, la tutora expresa que la perrita “no podía quedarse prácticamente sin vivir. Cuando usaba el Gardenal, disfrutaba menos de la vida, pasando todo el día como si estuviera drogada”. Y aún añade: “otra cosa muy importante, el cannabis la ayuda a tener mejor calidad de sueño por la noche. Dormía poco, y yo también”.
Renata, ejemplo de tutora

No solo la vida del animal se transforma con la enfermedad, la vida de la tutora se transforma junto. El sueño de Renata, por ejemplo, quedó comprometido, así como viajes, cambios de rutina y recepción de visitas. “Si ella está más inestable, no puedo salir de casa ni dejarla con otra persona, porque no todo el mundo se anima a quedarse con ella, ¿verdad?, por las crisis. Ahora ya no tiene más, pero, antes, como las tenía, tenía dificultad para encontrar quién quisiera quedarse con ella para que yo pudiera salir. Hasta hoy, sola no la dejo. Ni a ella, ni a la otra, solas no”, relató.
Atenta y proactiva, sin embargo, Renata asume la responsabilidad y toma diversas actitudes que tejen una red de cuidados terapéuticos en torno a su mascota. Una de esas actitudes fue impedir, provisionalmente, que Flora jugara con otros perros, como con dos perras vecinas. “Por un tiempo, tuve que cortar los juegos, para no agitarla. Eso era muy triste, porque tenía que quitarle algo que le gustaba, solo para que no llegara a la euforia”, desahogó la leal tutora.
Toma tal postura por entender que es mejor no limitarse a los medicamentos: “el cannabis, creo, es una terapia fantástica. Pero la persona tiene que entender, ¿verdad? La persona tiene que entender para prescribir, y el tutor del animal, en este caso, tiene que tener dominio del animal también, tiene que conocer al animal, porque no es una terapia que solo das y listo, das esa dosis y ya está. Tienes que ir conociendo al animal, tienes que ir manejando. Todavía tengo que controlar un poco sus emociones”, ponderó.
“Cuando sé que va a venir visita, cambio un poquito la dosis. Cuando sé que voy a viajar, cambio un poquito la dosis”, ejemplificó, justificando que Flora “es una perrita diferente, su pelaje ya es de un beagle diferente. Entonces, por ejemplo, ahora, en este feriado de Carnaval en el que fuimos a la playa, todas las personas se detenían a verla, diciendo ‘cómo es diferente, cómo es bonita’, y ella va con todo el mundo. Solo que eso, de cierta manera, la estresa”.
Por ese motivo, es necesario, además de ajustar la dosis, cuidar del ambiente, para no estresarla. “Una terapia sola no hace, no tiene todo ese poder, porque todo eso depende de su emocionalidad”, consideró. “No voy a aglomeraciones con ella”, añade. Como ya se ha visto, por otro lado, ir a la playa le hizo bien, y Flora volvió mucho mejor: “¡disfruta mucho! ¡Salta, bucea, coge olas, hace de todo!”

“Como la doctora Neide misma dice, todo sale bien porque la terapia es fantástica, porque Flora responde bien y porque yo tengo una responsabilidad sobre esto, ¿verdad?”, reconoce. Y refuerza: “la hora de dar el medicamento es la hora de dar el medicamento. Si no se puede ir a algún lugar de viaje, porque se va a agitar mucho, no voy. Acompaño su calidad de vida porque nuestra calidad de vida es igual. Si ella está yendo bien, yo también puedo vivir mejor.”
“Hoy puedo recibir visitas en casa sin preocuparme por su emoción. Puedo cambiar la rutina, puedo viajar”, celebra Renata. Antes, “todo lo que para Flora era nuevo, todo lo que salía de la rutina la desestabilizaba mucho emocionalmente”.
