El milagro de Nielli: una historia de renacimiento con el poder del cannabis
Después de un grave accidente, la estudiante Nielli Bosso recupera la calidad de vida con el cannabis medicinal. Emotivo relato de la madre, Nilcéia, que revela el poder del cuidado, la esperanza y la planta.
Publicado en 15/05/2025

Nieli sueña con ser jueza y renació después de un grave accidente en 2020 | Foto: Archivo Personal
Una tarde como cualquier otra el 3 de septiembre de 2020, pero que nunca sería olvidada. En la carretera entre Bauru y Pederneiras, en el interior de São Paulo, Nielli Caroline Bosso Prado, de 28 años en ese momento, regresaba a casa después de la universidad, estudiaba Derecho. Mientras conducía, pensaba en sus hijos, en el futuro, en los sueños, como cualquier madre, como cualquier mujer joven decidida. Pero la curva del destino fue brusca: un grave accidente automovilístico sacó a Nielli de la rutina y la lanzó a una lucha por la vida.
Antes de la llegada de los Bomberos, fue encontrada sin signos vitales por policías militares que, con maniobras de primeros auxilios, lograron reanimarla. Y con ese soplo de vida, comenzaba de nuevo, sin que nadie supiera, la travesía más desafiante que su madre, Nilcéia Bosso, y toda la familia enfrentarían.

“Ese día, dejé de trabajar. No tenía condiciones emocionales. Necesitaba cuidar de los niños”, cuenta Nilcéia, en un tono que lleva consigo agotamiento y fe en la misma medida.
Madre de cuatro: Maria Júlia (ahora con 15 años), Pedro Miguel (12), João Luca (6) y Ernesto (5), Nielli había dejado su trabajo poco antes del accidente para dedicarse a sus hijos y a la universidad. Era una mujer sin problemas, coqueta, apasionada por el maquillaje, por el gimnasio y por los libros. Quería ser jueza y vivía con intensidad. Pero allí, en una cama de hospital, rodeada de cables y máquinas, su cuerpo herido ya había pasado por más de 50 cirugías.
La mujer llena de autonomía ahora dependía de todo, incluso de un milagro. Y este comenzó a dibujarse quince días después del accidente, cuando Nilcéia, en su búsqueda desesperada de alternativas, introdujo el aceite de cannabis medicinal en el tratamiento de su hija. “Fue por fe e instinto. Sabía que necesitaba más que los medicamentos que solo la adormecían”, dijo.
La madre, la fe y la planta

La conexión llegó junto con la Asociación Maria Flor, de Marília/SP, ciudad cercana a Pederneiras y a la relación que Nilcéia siempre tuvo con ellos. “Soy muy amiga de Fernanda [directora de Maria Flor] y desde el día del accidente, el cannabis fue una alternativa para el tratamiento de Nielli”, cuenta Nilcéia.
A lo largo de los meses, fue reduciendo cada medicamento alopático. Hoy, Nielli solo usa aceite con formulaciones de THC y CBD concentrados, producidos por Maria Flor, a los que Nilcéia llama “compañera del alma”.

Fernanda Peixoto, presidenta de la Asociación Maria Flor, recuerda con claridad el caso de la paciente. “Nieli fue acogida por nosotros desde el principio. Lo que le sucedió no es inusual: pacientes en estado crítico que, con el tiempo y el uso correcto del cannabis, recuperan funciones que muchos creían perdidas. Pero es el amor de la madre lo que sustenta esta evolución. Lo que hace Nilcéia es gigante”.
Y añade: “Hoy Nielli es una paciente de THC y CBD en alta concentración. Y no solo estable, sino lúcida, interactuando, ayudando en el cuidado de los hijos. Esto, para nosotros, es un hito en el poder del cannabis medicinal y en la fuerza de la red de cuidado”.
“El cannabis le devolvió la vida a mi hija. No solo fue el cuerpo el que volvía... fue su alma”.
Poco a poco, Nielli fue recuperando la conciencia, la mirada y la sonrisa. La memoria, la escritura y la interacción social regresaron con ella. Y con ello, renació también la sed de vivir y de estudiar. “Su deseo diario es volver a la universidad. Quiere ser jueza. Y tengo fe en que lo logrará”, dice Nilcéia.
La única barrera ahora es financiera: el curso, suspendido durante la pandemia, tiene cuotas pendientes del FIES. A pesar de tener un informe médico que autoriza el regreso, la silla de ruedas y la falta de recursos siguen siendo obstáculos. La cirugía ortopédica que corregiría el pie izquierdo (afectado por parálisis y deformaciones progresivas) aún no se ha realizado. La madre, incansable, busca abogados, ombudsman, el SUS, tribunales. “Es como si todos los días estuviera tratando de pedir ayuda en silencio”, dice Nilcéia.
Amor que mueve montañas
Si el cannabis devolvió la lucidez y la paz a Nielli, fue el amor colectivo el que sostuvo la casa. La familia, los amigos, vecinos e incluso desconocidos formaron una cadena de solidaridad. “La gente de la iglesia organizó un mutirão. Cuando regresé del hospital, la habitación de hospital de Nielli ya estaba montada. Fue en el día de Nuestra Señora Aparecida. Un regalo de fe”, recuerda emocionada.

Nilcéia dejó su trabajo como cocinera y empleada doméstica y pasó a vivir con dos salarios mínimos: la pensión por invalidez de Nielli y una donación mensual hecha por una amiga, que hasta hoy deposita religiosamente el valor. “Gracias a ella tengo dignidad. Porque pedir prestado daña el alma”.
También cuenta con el apoyo de sobrinos que se desviven por ayudar con los hijos de Nielli, llevándolos y cuidándolos. Es una red hecha de afecto y sacrificio.
Cicatrices visibles e invisibles
Las heridas del accidente no quedaron solo en el cuerpo. La relación con antiguos amigos se vio duramente afectada. “Las amigas que solían estar con ella desaparecieron. Y eso la lastima mucho. Cuando salimos a la calle y alguien pregunta qué pasó, se pone nerviosa, prefiere no salir”.
El reencuentro con los hijos también fue complejo. Maria Júlia, la hija mayor, se desmayó al ver a la madre en la cama. Pedro Miguel fue el vínculo más fuerte, hablaba con la madre incluso cuando ella no respondía, acostado a su lado, intentando despertarla con palabras de amor. “Pedro fue una luz en nuestra vida”, dice la abuela, nuevamente emocionada.

Hoy, la custodia de los dos menores es compartida entre las abuelas. Las heridas emocionales se van alineando con el tiempo, a medida que la familia encuentra nuevamente su ritmo.
Nielli, aún en silla de ruedas, ayuda como puede. Recibe a los hijos con cariño, pide cargar al pequeño en brazos. “Su mirada brilla con la presencia de ellos, como brilló por primera vez cuando los bebés fueron colocados a su lado en el hospital. Fue allí donde volvió a sonreír”, describe Nilcéia.
Una madre que se niega a rendirse
La historia de Nielli es de dolor, pero sobre todo de resistencia. Hoy, el cannabis medicinal sigue siendo el tratamiento exclusivo de Nieli. “Solo toma el aceite. Nada más. Desde hace más de tres años. El médico lo autorizó. Está tranquila, orientada, lúcida. Solo necesita esa cirugía y la oportunidad de retomar sus estudios”.

Y si hay algo que sostiene esta historia, además del aceite y los medicamentos de la planta, es el amor inquebrantable de una madre. “Dios cuidó de nosotros hasta aquí. Y cuidará hasta el final. Tengo fe, porque Nielli nació de nuevo y florecerá de nuevo”.
Vea el video del Dr. Leandro Ramires, cirujano oncológico, que comenta sobre el uso del cannabis medicinal en el tratamiento de pacientes que han sufrido grandes traumas y siguió de cerca el caso de Nielli.

