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Sembrar las semillas de una industria de cannabis doméstica

Argentina es el noveno mayor productor de semillas del mundo, el segundo mayor productor de América Latina y el décimo mayor exportador mundial, lo que convierte al país en un potencial productor de semillas de cannabis. Y es sobre ellas que Pablo Fazio escribe, d

Sembrar las semillas de una industria de cannabis doméstica
Sembrar las semillas de una industria de cannabis doméstica

Por Pablo Fazio

Metafóricamente, la semilla simboliza el propio inicio de la vida. Una semilla es siempre el comienzo de algo.

Desde los orígenes de la agricultura, las semillas han sido la base del sustento humano. Son un componente fundamental de la cultura, de los sistemas de producción, de la soberanía y de la autonomía de los pueblos. Son el fruto del trabajo colectivo y acumulado de generaciones de agricultores, que las han conservado, criado, utilizado e intercambiado. Desde tiempos inmemoriales, se han mejorado y adaptado a una amplia gama de ambientes, condiciones climáticas, sanitarias y del suelo, y a exigencias culturales, productivas y socioculturales. Estos organismos vivos han sido históricamente considerados "bienes comunes" de la humanidad.

No obstante, a lo largo del tiempo se han convertido en el botín de las luchas políticas y económicas, así como en los motores de la revolución científica y técnica, además de los principales factores de producción para la evolución del sector agrícola y la producción de alimentos, medicamentos y materias primas industriales.

El cannabis no ha escapado a esta lógica. Desde su llegada a las Américas, las variedades nativas se han expandido por todo el continente. A partir de semillas introducidas por los colonizadores, fueron cultivadas y mejoradas por el trabajo de las comunidades rurales y de los productores nativos, resultando en variedades con cualidades distintivas diferentes a las de su origen, que continuaron evolucionando y diversificándose - incluso en tiempos de prohibicionismo - con el objetivo de aumentar los rendimientos y la productividad y buscar la eficiencia económica.

Al igual que con otras especies, sus características genéticas son fundamentales, ya que definen el perfil del producto a ser producido. Estas pueden ser de varios tipos, incluyendo regular, autofloreciente y feminizada, dependiendo del tipo de planta a ser cultivada.

El reciente progreso de la revisión reglamentaria del cannabis legal a nivel internacional ha comenzado a generar una importante apertura de mercados y un aumento de la demanda global de semillas.

En Argentina, desde la promulgación de la Ley 27.350 sobre cannabis medicinal en 2017 y su posterior decreto reglamentario 883/2020, hemos dejado atrás tiempos de oscurantismo y prejuicio y avanzado gradualmente en la construcción de una realidad normativa, que comienza a dar forma a la construcción de una industria de cannabis de base nacional.

Un avance en esta dirección se produjo el 30 de abril de 2021, cuando Carla Vizzoti, Ministra de Salud de la Nación, y Joaquín Serrano, Presidente del Instituto Nacional de Semillas (INASE), firmaron la resolución conjunta 5/2021 autorizando el registro de variedades nacionales y extranjeras de germoplasma de Cannabis Sativa L. en el Registro Nacional de Cultivares (RNC) y/o en el Registro Nacional de Propiedad Cultivares (RNPC), constituyendo un paso adelante para la reafirmación de nuestra soberanía tecnológica, y una vez más dando un marco de formalidad a la investigación, desarrollo y mejoramiento de variedades aplicadas a nuestro territorio nacional, clima y suelos.

En el mismo acto, se autorizó el registro de criadores y productores en condiciones controladas para quienes realicen el cultivo de plantas con Cannabis Sativa L. y para proyectos autorizados por resolución ministerial en el marco de la Ley N.º 27.350.

Esta normativa fue también un acto de reivindicación, legitimación y valorización del trabajo de todos aquellos que, frente al prohibicionismo, mantuvieron viva, preservada y mejorada la cultura del cannabis, a pesar de estar expuestos a persecución, criminalización y acción penal por parte del Estado.

En el marco de este cuadro legal, el 15 de marzo de 2022, la Comisión Nacional de Semillas (CONASE) trató un pedido inicial de registro de variedades de cannabis en nuestro país. En esa reunión, se aprobó el registro de dos variedades, las primeras en ser incluidas en el régimen de semillas "controladas" que pueden ser comercializadas en Argentina, aunque inicialmente solo puedan ser adquiridas con autorización previa del Ministerio de Salud Nacional.

Aunque la resolución final del INASE aún está pendiente, se supo que una de ellas es el CAT N°3 (Cepa Argentina Terapéutica). Esta es solo una fase inaugural, ya que decenas de variedades y creaciones fitogenéticas que han sido presentadas están a la espera de aprobación. Entre ellas, EVA (de Eva Seeds), CAT N°1 y N°2, el resultado del proyecto de investigación "Cannabis y Salud" (Universidad de La Plata), Lobera y PH Pampeana Auto de Pampa Hemp, entre muchos otros, que muestran el laborioso y exhaustivo trabajo de cultivo y producción de semillas estables, de calidad fisiobotánica y identidad certificada que se está desarrollando en nuestro país por grupos de cultivadores; muchos de ellos reunidos en la CRIACANN (Asociación Argentina para la Producción, Crianza e Investigación de Semillas de Cannabis).

Al mismo tiempo, es importante señalar que Argentina, como potencia agrícola, tiene una industria de semillas con más de 90 años de historia y de gran importancia económica. Nuestro país es el noveno mayor productor de semillas del mundo, el segundo mayor productor de América Latina y el décimo mayor exportador mundial. Su ecosistema emplea a más de 115.000 personas directa e indirectamente, y comprende más de 2.600 empresas que constituyen una cadena de valor que va desde las que se dedican a la mejora de especies vegetales, al desarrollo y suministro de biotecnología, a la multiplicación y producción de semillas, a su procesamiento y acondicionamiento, hasta su distribución y comercialización, con una producción anual de casi 1 millón de toneladas, un volumen de negocios de 1.500 millones de dólares y exportaciones de 285 millones de dólares por año.

No es descabellado pensar que, ante un mercado que, según un estudio de Data Bridge Market Research en 2020, está creciendo a una tasa de crecimiento anual compuesta del 14,5 % y con un tamaño de 723,77 millones de dólares hasta 2027, este sector está mirando las oportunidades de negocio que el cannabis comienza a abrir.

Una vez más, ante la omnipresencia del cannabis, la tensión entre la militancia, los actores históricos y los sectores que se suman a esta nueva industria que está despertando, encontrarán un campo propicio para expresar sus exigencias, contrapuntos, perspectivas y puntos de vista, que muchas veces están en desacuerdo unos con otros. Tendremos que apelar a la creatividad para generar espacios institucionales y regulatorios que, adaptándose a las necesidades productivas y al interés nacional, busquen un equilibrio entre los intereses de todas las partes, ya que el desafío es enorme y la construcción del futuro de la actividad debe llevarse a cabo a través de la construcción de consensos colectivos. Finalmente, nada más hacemos que sembrar las semillas para el futuro de la industria nacional de cannabis.

Las opiniones expresadas en este artículo son personales y no corresponden, necesariamente, a la posición de Sechat.

Sobre el autor:

Pablo Fazio es empresario y emprendedor de pequeñas y medianas empresas. Actualmente, vive en Argentina, donde preside la Cámara Argentina de Cannabis (Argencann), que tiene el objetivo de promover el desarrollo y la expansión de la industria de cannabis en el país.