El coste político de ignorar el cannabis en la COP30
En Belém, Brasil celebra el Amazonas, pero deja de lado una planta capaz de impulsar la sostenibilidad, la innovación y la justicia social

La 30ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30), que comenzó este lunes (10) en Belém (PA), ha puesto a la Amazonia en el centro del debate climático global. Con el objetivo de acelerar la transición energética, ampliar la financiación y proteger las selvas tropicales, el evento reúne a unas 50.000 personas para convertir los discursos en planes concretos.
En medio de las discusiones sobre la bioeconomía y las nuevas "commodities verdes", sin embargo, una planta con un alto potencial para la captura de carbono y la generación de ingresos, la Cannabis Sativa, ha sido excluida. Para los expertos, esta omisión representa un coste político y económico para Brasil, el país anfitrión del evento.
El coste político de ignorar el cannabis en la COP30
La ausencia del cannabis en el debate es, ante todo, una decisión política. Así lo evalúa Paulo Pereira, profesor de Relaciones Internacionales en la PUC-SP e investigador de política internacional de drogas. Según él, ignorar el potencial bioeconómico de la planta tiene un peso significativo.
"Brasil se está ausentando de una discusión que puede articular tres aspectos fundamentales: sostenibilidad, innovación y, sobre todo, inclusión social", afirma Pereira.
Para el investigador, la omisión expone una falla en la propia conferencia. "En el contexto de la COP, esta ausencia simboliza cuánto la agenda climática sigue mirando los problemas con una moral muy selectiva".
Para él, sería necesario no solo discutir las herramientas biológicas de la planta, sino también el tema desde la perspectiva de la política de drogas, "que tiene un impacto enorme en los ecosistemas y las comunidades, pero que no se aborda", comenta.
Lo que Brasil pierde al ignorar el cannabis
Esta resistencia histórica genera pérdidas tangibles. El diputado estatal de São Paulo, Caio França, destaca que el coste de la no regulación es alto. "Económicamente, Brasil pierde mercado y ingresos. Estudios proyectan ventas de alrededor de R$ 4,9 mil millones y R$ 330 millones en impuestos en el cuarto año después de la regulación", señala el parlamentario, citando datos de un informe del Instituto Ficus de 2024.
Además de la pérdida de empleos y la diversificación de las cadenas productivas (como textil, construcción y bioplásticos), França señala un coste político directo. "Brasil pierde credibilidad en las agendas ESG y climáticas, lo que afecta la atracción de inversores. Estar fuera del mercado global de 'commodities verdes' reduce nuestra influencia", añade.
Paulo Pereira califica la postura de Brasil no como una "autoexclusión" estratégica, sino como "inacción", motivada por el "miedo de sectores específicos" y la reticencia a mantener un debate serio, fuera del ámbito moral.
El riesgo de un "capitalismo cannábico" sin justicia social
Aunque la inclusión del cannabis en la agenda de salud ha sido un avance reciente en Brasil, Paulo Pereira advierte que todavía está dominada por una mirada "extremadamente farmacéutica" y corporativa, en detrimento de asociaciones y pequeños cultivadores.
El profesor advierte que una simple transposición de la planta a la agenda ambiental, sin criterio, puede repetir errores. El riesgo, según él, es caer en un "capitalismo cannábico" que simplemente reproduce las jerarquías vistas en otras commodities, beneficiando a grandes corporaciones en detrimento de las comunidades locales.
"El problema no es solo excluir el cannabis, sino la forma en que se podría incluir", reflexiona Pereira. "Para ser coherente con el espíritu de la COP, debemos centrarnos mucho más en el sentido comunitario, la justicia, y mucho menos en el cannabis como producto", evalúa.
Para él, la agenda ambiental del cannabis en Brasil debería estar conectada a la justicia social, a la reparación histórica por los daños del prohibicionismo, a la agricultura familiar y a los pueblos tradicionales.
Una oportunidad para reposicionar el debate sobre el cannabis
Aunque el tema no está en las mesas principales de negociación, los expertos ven en la COP30 una oportunidad para reposicionar el debate.
El diputado Caio França cree que la presión internacional y el contexto de un evento climático pueden ayudar a "romper la burbuja ideológica" que bloquea el tema en el Congreso. "La COP30 es útil políticamente para desplazar el tema del ámbito moral al técnico y económico", dice França, defendiendo que es necesario mostrar datos sobre la captura de carbono y la fitorremediación del suelo.
Para Paulo Pereira, Brasil tiene el potencial de ir más allá de simplemente ingresar a un mercado ya disputado. El país podría ser un protagonista en la creación de un nuevo modelo para la planta, basado en la justicia climática y la soberanía productiva.
"Brasil tiene el potencial de señalar nuevos caminos, pero para ello es necesario tener un plan, un proyecto y un diálogo público que involucre a todos los actores", concluye el profesor. "Sería una revolución que Brasil fuera protagonista, no solo ocupando un espacio en el mercado, sino un espacio político de reflexión sobre esta planta en términos de justicia social."
