Médica transformó su propia historia con su padre en una misión con el cannabis

La médica Caliandra transformó la búsqueda por aliviar el sufrimiento de su padre en una misión profesional, encontrando en el cannabis un camino de cuidado, ciencia y esperanza

Médica transformó su propia historia con su padre en una misión con el cannabis
Estudió medicina para entender el sufrimiento de su padre y encontró en el cannabis un nuevo sentido de cuidar | Archivo Personal

El sufrimiento siempre ha estado sentado a la mesa de la familia de Francisco Alves de Assis, de 71 años. Durante más de cuatro décadas, el dolor despertaba con él, atravesaba sus días y lo acompañaba en las noches mal dormidas. La fibromialgia no solo consumía su cuerpo, sino que también robaba el descanso, el humor, el sentido de las cosas. Y, en silencio, también moldeaba el destino de su hija.


Antes de ser médica, Caliandra Patrícia Pinheiro Alves de Melo fue enfermera. Fueron seis años cuidando de personas y, aun así, sintiéndose incapaz de aliviar a quien más amaba. 


La enfermería le enseñó el cuidado, el toque, la presencia. Pero no era suficiente. Faltaba comprender a fondo la condición de su padre, descifrar la enfermedad que lo aprisionaba. Fue de esa incomodidad diaria, casi insoportable, que nació la decisión de estudiar medicina.


Cuando cuidar no era suficiente


 El camino, sin embargo, fue todo menos romántico. Recién divorciada, con una hija de apenas tres años, Caliandra siguió prácticamente sola. Fueron años difíciles, atravesados por el cansancio, el miedo y las renuncias. Aun así, no se rindió. Cuando se graduó, se sintió invencible, como si, por fin, tuviera en sus manos las herramientas para devolver a su padre aquello que la enfermedad le había quitado.


La realidad fue dura. Ninguna combinación de medicamentos funcionaba. Pregabalina, duloxetina, clonazepam, ciclobenzaprina, corticoides, analgésicos. Nada. El sufrimiento persistía. Y la frustración se acumulaba en ella, en él, en toda la familia que depositaba esperanza en esa hija ahora médica. La medicina que había estudiado no estaba logrando salvar a quien más importaba.


Convivir con 45 años de fibromialgia dejó marcas profundas. Francisco vivía con limitaciones diarias, ansiedad, depresión y noches interrumpidas. No había placer, ni perspectiva. En algunos momentos, decía que no tenía sentido vivir de esa manera. Para Caliandra, escuchar eso era sentir el peso doble, el de él y el propio.


La planta, la fe y la primera esperanza


Fue en 2018, ya dos años graduada, que apareció una nueva posibilidad. Investigando alternativas, Caliandra llegó al cannabis medicinal. Aún sin dominio técnico, sin cursos, sin estudios robustos disponibles, decidió intentarlo. Compró un aceite de una asociación local y comenzó la parte más delicada del viaje: convencer a su padre.

 

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Solo después de que la familia consultara a un padre, Seo Francisco aceptó iniciar el tratamiento con el Cannabis Medicinal | Foto: Archivo Personal


El prejuicio fue inmediato. Para un campesino tradicional, católico practicante, el cannabis cargaba el peso del pecado. Él resistió. Cuestionó. Temía el juicio ajeno. “Hija, me estoy volviendo viejo, no loco. ¿Te imaginas yo, después de viejo, usando marihuana? ¿Qué van a pensar de mí?”, decía.


La conversación fue larga, cuidadosa, sustentada por los pocos fundamentos científicos que ella tenía en ese momento. La aceptación llegó despacio. Y, en secreto, padre e hija también buscaron una bendición simbólica: hablaron con el padre de la parroquia. La respuesta fue simple y definitiva: la planta era de Dios, de la naturaleza, y se estaba usando en beneficio de la salud. Aquella frase disolvió la culpa y abrió espacio para la esperanza.


Veinte días después, el cambio comenzó a aparecer. Pocas gotas al día. Francisco, que antes evaluaba su estado entre 8 y 9 en una escala de intensidad, pasó a relatar 3 o 4. El sueño mejoró. El humor se transformó. Las limitaciones se volvieron más ligeras. Retomó el placer en las pequeñas cosas y, sorprendentemente, abandonó todos los medicamentos alopáticos que usaba.


De la experiencia íntima a la misión profesional


Para Caliandra, ese fue un hito irreversible. Como hija, sintió una alegría imposible de medir. Como médica, entendió que necesitaba aprender de verdad. No podía transformar a los pacientes en experiencias empíricas como había hecho en casa. Era necesario estudiar el sistema endocannabinoide, los receptores CB1 y CB2, la farmacología de la planta. Y estudió.


Vinieron los cursos, los certificados, las noches de lectura, siempre con el apoyo de su compañero Ítalo, que sostenía su mano cuando era necesario pausar otros proyectos para seguir aprendiendo. La búsqueda que comenzó en el patio de su propia historia se convirtió en una misión profesional. Hoy, son alrededor de cinco mil pacientes acompañados, vidas atravesadas por la misma esperanza que un día transformó la rutina de su padre.


Hay una frase que Caliandra escucha con frecuencia y que la emociona cada vez: “Doctora, gracias a usted y al tratamiento con fitocannabinoides, volví a vivir”. Es allí donde siente que todo tiene sentido.

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Seo Francisco con su nieto Bruno, que son la inspiración diaria para la Dra. Caliandra para estudiar el cannabis como medicina y poder ayudar a más y más personas | Foto: Archivo Personal

En 2024, la vida volvió a sorprenderla. Su hijo, Bruno Henrique Pinheiro de Melo, entonces con cuatro años, recibió el diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista (TEA). A pesar de ser médica, a pesar de atender a pacientes autistas, el suelo se le desvaneció. Hubo llanto, miedo y silencio. El temor al prejuicio retrasó la conversación con la familia. Pero, una vez más, la experiencia trajo propósito.


Caliandra no dudó. El cannabis, que ya había devuelto la vida a su padre, también sería parte del cuidado con su hijo. El tratamiento trajo resultados. Hoy, Bruno es TEA nivel 1 de soporte. Quien lo ve, muchas veces, ni siquiera lo percibe. Y ella sabe: su misión ahora también es acoger a otras madres atípicas.


Entre el padre de 71 años y el hijo de 6, Caliandra construyó una trayectoria atravesada por límites, amor y ciencia. Una médica que un día se sintió incapaz ante el sufrimiento de quien más amaba, hoy lleva más colores a la vida de miles de personas. Y sigue estudiando, todos los días,  para honrar el origen de todo: el amor que nace de la vulnerabilidad y insiste en convertirse en cuidado.
 

 

Vea la explicación de la profesional de la salud sobre el caso: