El mito de la "supermaconha" que influencia a los medios y la justicia
Un análisis muestra cómo la expresión sensacionalista moldea las percepciones sociales y jurídicas en Brasil
Publicado en 23/09/2025

Para aquellos que desconocen el tema, hachís, skunk, flores e incluso cannabinoides sintéticos terminan siendo tratados como lo mismo. Imagen: Canva Pro
En los últimos años, el término "supermaconha" ha comenzado a aparecer en reportajes, discursos jurídicos y análisis toxicológicos como sinónimo de variedades de Cannabis con altos niveles de THC, el principal compuesto psicoactivo de la planta. Para aquellos que desconocen el tema, hachís, skunk, flores e incluso cannabinoides sintéticos terminan siendo tratados como lo mismo. Adelanto que no es así.
Por ejemplo, el 28 de mayo de 2024, la Policía Rodoviaria Federal (PRF) divulgó una operación en Ceará bajo el título: “‘Supermaconha’: PRF realiza apreensão de skunk”. Algunos años antes, en octubre de 2021, la Secretaría de Seguridad Pública de Goiás informó un aumento en las incautaciones de la droga sintética K4, refiriéndose a ella como la “nueva droga sintética conocida como 'supermaconha'”, desvinculando el término de la planta y asociándolo a un compuesto de laboratorio.
¿Pero tiene este término algún fundamento científico? Según un artículo publicado en la Revista Delos, el profesor Paulo Jordão de Oliveira Cerqueira Fortes, del curso de Administración de la Universidad Federal de Piauí (CCHL/UFPI), no lo tiene.
Origen y difusión de la nomenclatura
El estudio rastrea el origen del término hasta una obra de toxicología de Jacques-Joseph Moreau (1996), un médico psiquiatra francés del siglo XIX -- pionero en el estudio científico de los efectos del hachís y autor de la obra clásica Del hachís y de la alienación mental (1845) --, que describía el skunk y mencionaba que, en Brasil, el producto era conocido informalmente como “supermaconha”, con niveles de THC entre el 10% y el 15%. Sin embargo, no había fuentes de laboratorio que respaldaran esos números.
Curiosamente, en 2014, el propio Moreau revisó sus análisis, actualizó los porcentajes de THC en diferentes derivados, pero dejó de usar la expresión. Los investigadores interpretan este “silencio autorial” como una revisión crítica. Aun así, el término ya estaba consolidado.
“La opinión pública está fuertemente moldeada por los medios y por discursos oficiales, que utilizan este término para sugerir una Cannabis con mayor poder entorpecente. Para aquellos que no conocen, se crea la impresión de una droga más peligrosa. Sin embargo, para quienes conocen la planta — cultivadores, investigadores y pacientes — es evidente el desconocimiento generalizado”, explicó el profesor Paulo Jordão en una publicación de la UFPI.
Además de los medios, la investigación identificó más de 5.717 procesos judiciales que utilizan la palabra “supermaconha”, generalmente asociada a términos como “potente” y “nocivo”. En la práctica, la etiqueta ha servido como justificación para el agravamiento de la pena basado en la “naturaleza de la sustancia”, prevista en el artículo 42 de la Ley de Drogas, a menudo sin respaldo en informes toxicológicos.
Alternativas científicas
El estudio defiende que se adopten clasificaciones técnicas, como quimiotipos y quimiovares, en lugar de etiquetas imprecisas. Estas categorías describen la planta según su composición química, sin connotaciones peyorativas.
Otro aspecto destacado es la valoración de las genéticas criollas brasileñas. Variedades como Mango Rosa, Alecrim y Rabo de Raposa han demostrado concentraciones de cannabinoides superiores al 15%, desmitificando la idea de que solo los cultivos de laboratorio ofrecen alta potencia.
“El mayor desafío fue lidiar con la multidisciplinariedad. Fue necesario articular conocimientos del derecho, la administración, la química, la farmacia y la biología. La universidad es el espacio adecuado para integrar estas áreas”, afirma el investigador.
Cannabis y ciencia en Brasil
El artículo también sugiere una nueva mirada a las plantas incautadas. En lugar de destruirlas, el profesor defiende que se preserven y cataloguen en herbarios universitarios, creando un banco genético que fortalezca la investigación nacional.
“En lugar de ser destruidos, los ejemplares incautados podrían ser preservados y catalogados en herbarios. Este material genético contribuiría a la investigación y ayudaría a garantizar que la diversidad de la Cannabis no se pierda”, destaca Jordão.
Solo una construcción discursiva
El análisis señala que el término “supermaconha” es solo una construcción discursiva, y no una categoría científica. Su uso repetido por los medios y el sistema de justicia convierte las percepciones sociales en argumentos jurídicos, impactando directamente en la política criminal.
Para los autores, abandonar etiquetas imprecisas y adoptar clasificaciones científicas es un paso esencial para avanzar en políticas públicas informadas y valorar el conocimiento académico.
El estudio también contó con la participación de Nelson Leal Alencar, Mauricio Pires de Moura Amaral, João Sammy Nery de Souza, Fábio Carvalho França y Lívio César Cunha Nunes, además del Núcleo de Investigación en Cannabis y Agronegocios de la UFPI (AGROCAN).

