La lucha de Tereza: 15 años de dolor, valentía y el alivio que trajo el cannabis

La historia de Tereza Emir, quien ha enfrentado 15 años de intensos dolores, y de su hija Alessandra, quien se divide entre la maternidad, el trabajo y los cuidados diarios para garantizarle a su madre comodidad y alivio con el cannabis medicinal

Publicado en 11/12/2025

A luta de Tereza: 15 anos de dor, coragem e o alívio que a cannabis trouxe

Tereza encuentra en la dedicación incansable de su hija Alessandra y en el uso del cannabis medicinal el alivio posible para atravesar los días | Foto: Archivo Personal

Hay historias que llevan marcadas en el cuerpo huellas que el tiempo no borra, y que, aún así, encuentran en la delicadeza de los vínculos la fuerza para seguir adelante. La trayectoria de Tereza Emir Moraes e Silva, de 60 años, es una de esas narrativas que sorprenden por la resistencia, por el amor que la impulsa y por el cuidado que la rodea.


Hace 15 años, convive con intensos dolores causados por un adenoma hipofisario, un tumor en la región del cerebro que cambió el rumbo de su vida y la de su familia.


Antes de eso, Tereza era pura presencia: activa, trabajadora, atenta a sus tres hijos, participando en cada etapa, cada gesto, cada desafío de la maternidad. Era la casa llena, el almuerzo listo, el abrazo acogedor. Pero cuando el tumor comenzó a manifestarse, nada volvió a ser como antes. El cuerpo cambió, la vida se detuvo y el amor permaneció.


Los primeros signos llegaron de forma discreta. Dolores, adormecimiento en el lado izquierdo del cuerpo, problemas de visión. En 2011, cuando nació su nieto Murilo, la familia ya entendía que algo grave sucedía. Hubo visitas a oftalmólogos, neurólogos, exámenes, hasta el diagnóstico definitivo: un tumor en la hipófisis que ya comprometía partes importantes del organismo y causaba edemas en diferentes regiones.


Luego vinieron las cirugías, una por el paladar, otra abriendo parte del cráneo. La segunda intervención, más invasiva, dejó a Tereza desorientada durante días. Fue en ese momento que decidió: no intentaría más operaciones. A partir de entonces, seguiría con tratamientos clínicos, supervisión endocrinológica y una rutina de cuidados continuos.


Durante años, el tumor cerebral se mantuvo estable con medicamentos aplicados mensualmente por el SUS - Sistema Único de Salud. Pero, hace aproximadamente tres años, nuevos signos encendieron la alerta: alteraciones en el abdomen, dolores diferentes, cambios silenciosos.

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Dona Tereza junto a su familia | Foto: Archivo Personal

Su hija, Alessandra Mongelli, bióloga, profesora, madre de Murilo y Açucena, y principal cuidadora, notó cada detalle.


Lo que parecía un nuevo proceso ginecológico terminó revelando una enfermedad más compleja. Exámenes sucesivos mostraron un cáncer de páncreas, que ya se había extendido al ovario y, finalmente, se había instalado en el peritoneo, una de las regiones más dolorosas y difíciles de tratar.


La primera quimioterapia no tuvo efecto. Peor aún: causó sangrados al evacuar y heridas en el cuerpo. El oncólogo suspendió el ciclo y derivó a la paciente a cuidados paliativos, aunque decidió intentar un segundo tratamiento. Entre idas y venidas a los hospitales, Tereza lucha contra el dolor, el cansancio, la falta de apetito y la gran dificultad para moverse.


Hoy, su rutina se reduce a la habitación. "Ya no va hasta la sala. Llevamos todo a ella. Agua, comida... No está comiendo bien. Tiene escapes de orina, sangra al evacuar. Y los dolores... los dolores son desesperantes", cuenta Alessandra.


El papel del cannabis medicinal: alivio posible en medio de lo imposible


A lo largo de las últimas décadas, Tereza tomó varios medicamentos para el dolor y para dormir, pero ninguno de ellos tuvo el efecto necesario. Hace unos tres años, el cannabis medicinal se incorporó definitivamente a su rutina, primero con orientaciones médicas, luego con ajustes propios ante la urgencia.


Desde entonces, el aceite hecho de la planta integral, con formulaciones más concentradas, se convirtió en lo que Alessandra describe como "lo único que realmente funciona".


"Si pasa un día sin tomarlo, no duerme. Comienza a gemir de dolor. Lo escuchamos desde afuera de la habitación. Es muy difícil ver y escuchar eso, sabiendo que es un dolor que no cesa", dice la hija.


El aceite alivia, aunque sea temporalmente, los dolores crónicos que la madre ha sufrido durante 15 años, primero por el tumor hipofisario, ahora por las complicaciones del cáncer en el peritoneo. Las pomadas de cannabis también ayudaron a secar las heridas que surgieron después de la primera quimioterapia.


A pesar de las limitaciones, Alessandra intenta reorganizar la rutina para que Tereza tenga acceso a un tratamiento más dirigido, con dosis ajustadas y seguimiento permanente. "Estamos en trámites para adquirir aceite de la Asociación Flor do Cerrado para que tenga más comodidad, pueda dormir y el dolor disminuya", resume la hija.

La Dra. Rafaela Bock explica cómo el cannabis puede contribuir a la calidad de vida en cuidados paliativos posteriores a la quimioterapia


Una familia entera en busca de la cura


 

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Dona Tereza cumplió 60 años en marzo de 2025 y lo celebró junto a sus hijos Augusto Júnior y Alessandra | Foto: Archivo Personal

Aunque ya no puede moverse como antes, Tereza todavía se emociona al ver crecer a sus cinco nietos. Participa de la manera que puede, con la mirada, con el afecto que sobra incluso cuando el cuerpo falla. "Es muy querida, muy acogedora. Llora de emoción con cada logro de ellos", cuenta Alessandra.


En el corazón de la familia, hay un intercambio silencioso y constante entre Alessandra y su hermano, Augusto Junior, quienes se turnan en los cuidados diarios. Hay baños, cambios, medicamentos, compresas, consultas, esperas, madrugadas difíciles. Hay miedo. Hay agotamiento. Pero, sobre todo, hay amor.


"Cuidar de ella es difícil por la prisa... pero lo más difícil es verla con un dolor extremo. Intentamos de todo. El SUS ayuda mucho, pero la lucha es grande. Y si no fuera por el cannabis, no sé cómo sería", detalla Alessandra.


La lucidez de esta afirmación no proviene de una esperanza exagerada, sino de la observación constante de quien está a su lado todos los días, viendo lo que funciona y lo que no.


Entre diagnósticos duros, tratamientos interrumpidos y nuevos ciclos de quimioterapia que pueden o no tener efecto, Tereza continúa, rodeada de cuidado y afecto, encontrando en el cannabis medicinal el respiro posible en una trayectoria marcada por 15 años de resistencia.


En el silencio de la habitación, donde se concentra la rutina hoy, hay mucho dolor, pero también está la presencia constante de la hija que la llama cariñosamente madre, y que ha transformado su propia vida para sostener la de ella.


Y entre medicamentos, compresas y noches mal dormidas, hay un deseo que atraviesa todas las capas de la historia: "solo quiero que mi madre pueda vivir sin tanto dolor, porque por lo demás, estamos haciendo todo con mucha lucha y, lo principal, amor".