“No puedo aceptar el dolor que se puede aliviar”: veterinaria brasileña lanza investigación sobre cannabis medicinal en Portugal
Entre ciencia y sensibilidad, la investigadora busca demostrar que el uso de cannabis puede transformar la atención veterinaria y aliviar el sufrimiento animal

Fue al ver a su madre sufrir dolores crónicos causados por fibromialgia que la veterinaria brasileña Karla Pinto decidió que no aceptaría más el sufrimiento, humano o animal, como inevitable. Esta experiencia personal moldeó su carrera y la llevó a dedicar los últimos diez años de su trayectoria profesional a la investigación de la cannabis medicinal en Portugal, donde hoy busca nuevas formas de aliviar el dolor y devolver calidad de vida a perros y gatos.
Del dolor al descubrimiento: el camino de la compasión
Con 25 años de experiencia en veterinaria, Karla Pinto convirtió el dolor en su principal campo de estudio, y la compasión en su mayor herramienta. “El dolor siempre ha sido un desafío central en la clínica veterinaria que me propuse combatir intensamente”, cuenta. “La convivencia cercana con el sufrimiento crónico de mi madre creó en mí una intolerancia inquebrantable al sufrimiento animal. No puedo aceptar el dolor que se puede aliviar”, confiesa.
En Portugal, donde lleva más de dos décadas viviendo, Karla encontró un terreno fértil para avanzar en su investigación. El país permite el uso y estudio de Cannabis sativa con fines medicinales, lo que abrió camino a experimentos más amplios. “Aquí podemos usar medicamentos humanos con diferentes niveles de THC en animales, según la llamada 'Ley de la Cascada'. Esto nos permite avanzar más rápido que en países con legislaciones restrictivas, como Brasil”, explica.
Para ella, los fitocannabinoides representan una frontera terapéutica prometedora. “Dedicar mi investigación a encontrar soluciones efectivas para nuestros compañeros animales es mi forma de dar sentido a la vida y al alivio del sufrimiento”, afirma.
La ciencia detrás de la empatía

Karla es coautora, junto a João F. Requicha, del artículo “Cannabis sativa en medicina veterinaria: Fundamentos y aplicaciones terapéuticas”, publicado en 2024 en la Revista Veterinaria Canadiense. El estudio reúne evidencias sobre el uso de compuestos de la planta, como el CBD y el THC, en el control del dolor, epilepsia y trastornos del comportamiento en animales.
La investigadora explica también que el sistema endocannabinoide (SEC) es clave para entender cómo actúa la cannabis: “El SEC es un sistema biológico presente en todos los animales, que funciona como un maestro del equilibrio interno. Se activa ante el dolor, el estrés o la inflamación. Los fitocannabinoides de la planta ayudan al organismo a restaurar la homeostasis y aliviar el sufrimiento de forma natural”.
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Ella destaca, sin embargo, que la medicina veterinaria aún carece de estudios profundos sobre farmacocinética y seguridad en diferentes especies. “Existe un gran deseo de recetar, pero necesitamos más ciencia y menos empirismo”, reflexiona.
Fred, el boxer que inspiró esperanza
Entre los numerosos pacientes tratados con derivados de cannabis, Karla guarda con cariño el caso de Fred, un boxer de 12 años diagnosticado con sospecha de tumor óseo y epilepsia. “Después de que comenzó a usar un extracto rico en CBD, las crisis disminuyeron y volvió a moverse con alegría. Lo más hermoso fue saber que un amigo de la tutora, médico y también paciente oncológico, decidió buscar el mismo tratamiento después de ver la mejoría de Fred”, recuerda.
Fred vivió más tiempo y con calidad de vida, demostrando que el cuidado puede expandirse más allá de la especie e incluso inspirar a otros seres humanos.
Entre avances y resistencias: el futuro de la cannabis veterinaria
A pesar de los avances científicos, Karla reconoce que las barreras culturales y regulatorias aún limitan el uso de cannabis veterinaria en muchos países. “Necesitamos sacar la cannabis del nicho de lo alternativo y llevarla al campo científico. Esto comienza con la educación en la carrera y con investigación de calidad”, afirma.
Ella cuenta que el prejuicio aún se manifiesta de forma dolorosa. “Recibí mensajes de colegas diciendo que 'iría al infierno' por divulgar el potencial de la planta. Esto muestra lo arraigado que está aún el estigma”, dice.
Aun así, la investigadora mantiene la esperanza. “Los fitocannabinoides son una frontera terapéutica llena de posibilidades. Y si la ciencia tiene el poder de aliviar el dolor, es en ella en la que quiero seguir apostando, por los animales y por todo lo que representan”, finaliza.
